Elisa en Lucca: Siete historias para seguir
Siete lugares, siete historias para revivir la ciudad durante la época napoleónica
A principios del siglo XIX, Elisa Bonaparte Baciocchi, hermana del emperador Napoleón y princesa de Lucca y Piombino, emprendió un ambicioso proyecto para transformar la ciudad y sus alrededores. Con elegancia y determinación, reinterpretó la ciudad en clave moderna, renovando edificios, creando espacios verdes y promoviendo la ciencia, el buen gusto y el bienestar, siguiendo los modelos del Imperio francés.
Este recorrido de siete etapas te invita a seguir el rastro de su visión, a través de lugares que aún conservan su huella. No se trata solo de monumentos: cada lugar esconde una historia que escuchar, una atmósfera que vivir.
1. Una villa y un plátano
En el corazón de Lucca, Villa Bottini Fue la primera residencia de Elisa en Lucca, elegida mientras el Palacio Ducal aún estaba en obras. Su amplio jardín, inusual para una residencia urbana de la época, recordaba los modelos de las villas de campo, ofreciendo espacios para la recepción y el descanso. Se dice que la propia Elisa plantó el imponente... plátano centenario que aún hoy domina el jardín: uno de los muchos ejemplares que hicieron de este árbol un icono en las avenidas y jardines de Lucca.

2. Un jardín de plantas y visiones.
El Jardín Botánico de Lucca Fue encargado por Elisa, pero cobró forma definitiva unos años más tarde, bajo el reinado de María Luisa de Borbón. Fue concebido como un lugar de estudio, belleza y conocimiento, abierto a las plantas exóticas que llegaban por las rutas imperiales: desde el cacao hasta el té, desde el ginkgo biloba hasta las secuoyas. Parece que Elisa recibió personalmente semillas y especies raras de París y confió su cultivo a jardineros de confianza. En otoño, el jardín se ilumina con los cálidos colores del follaje, atrayendo aún hoy a visitantes y fotógrafos.

3. Un vestido para la corte
El Palazzo Mansi es una parada especial en los itinerarios napoleónicos.
La sección neoclásica alberga, en el Salón de los Príncipes, el refinado y suntuoso vestido, junto con la capa a juego, que perteneció a Elisa Bonaparte Baciocchi, princesa de Lucca y Piombino.
El conjunto consta de una capa y dos vestidos a juego, confeccionados en tul de seda blanca con bordados en lámina de plata. Es uno de los ejemplos más prestigiosos de la moda ceremonial en la corte napoleónica, una verdadera obra maestra del estilo imperial.

4. Una puerta al futuro
Puerta Elisa, abierta en la sección oriental de las Murallas, representaba el sueño de una ciudad renovada. Concebida como una entrada triunfal, debía abrirse a una avenida monumental que conducía directamente a Plaza Napoleón y llegar a un Palazzo DucaleEn perfecto estilo parisino. Aunque el proyecto nunca se completó, la puerta, orientada hacia Florencia, expresaba las ambiciones de Elisa: impulsar a Lucca hacia la modernidad y consolidar su papel en la Toscana.

5. Una residencia fuera de los muros
En 1806, Elisa compró la Villa Real de Marlia, transformándola en una refinada residencia de campo. Los jardines se rediseñaron con teatros verdes, fuentes, avenidas y efectos de perspectiva. Parece que en el Edificio del reloj Elisa organizó pequeñas representaciones teatrales y musicales, rodeada de invitados selectos. Hoy, gracias a una cuidadosa restauración, es posible visitar el parque y los interiores de la villa, y disfrutar de las flores de temporada, en un ambiente entre la naturaleza y el patio.

6. Una fiesta que vuelve a la vida
Cada año, la Villa Real se convierte en el escenario de una gran recreación históricaUn viaje al pasado, al verano de 1810, cuando Elisa recibió a intelectuales, funcionarios y artistas en su aldea de Lucca. Más de 100 extras recrean escenas de la vida cortesana, juegos, duelos, bailes y tableaux vivants. Se dice que para Elisa, estos eventos no eran solo entretenimiento, sino oportunidades para fomentar las relaciones culturales y diplomáticas, siguiendo una estrategia propia.

7. Un placer para disfrutar
Elisa era una refinada amante del chocolate. Se dice que durante las recepciones en el palacio, siempre había una fuente de chocolate caliente, servida en fina porcelana. Hoy, en el centro histórico de Lucca, este sabor del pasado se puede encontrar en... tiendas de chocolate artesanal y en las históricas heladerías, que ofrecen variaciones inspiradas en la tradición del siglo XIX. Un placer para disfrutar mientras se pasea a la sombra de los plátanos que tanto amaba.
